Relatos de viaje en bicicleta, bicho cruza asfalto (¿o asfalto cruza bosque?)
- 06 Apr, 2022
Recordar ese momento, bajando en bicicleta. El viento fuerte, su sonido protagonizando, ellas más adelante, yo sola. En mi rostro la vibración del viento. Pensé si así sentirán los pájaros. Cerré los ojos brevemente, no fuera a ser que me accidentara a esa velocidad. Sentirlo, eso quería. ¿Qué se sentirá volar?
Y vino la canción que empezó a sonar en mi mente. No quería añadir sonidos externos a un paisaje sonoro completo, pero ella venía de otro lugar. Su crescendo, su drop. Sentí la vida y otra vez se me aguaron los ojos. Sentí las alas y acumulé lágrimas. Entre rezagos de lluvia y lágrimas empiscinándose bajó el llanto. Siempre lloro cuando la vida me conmueve. Es mi mejor llanto. La libertad de ir así rodando: el mar a mi izquierda y esa playa hermosa abriéndose con pequeñísimas olas de carácter escocés. A la derecha el verde del campo y las fincas como de pinturas, con sus vacas, ovejas y rollos enormes de paja.
¿Cómo fue que vine a terminar acá? ¿Por qué la vida me regala tanto?
Respiraba uno a uno y buscaba con toda mi atención que todo mi cuerpo supiera todo lo que le estaba pasando al mismo tiempo. El viento en mi labio izquierdo vibrando, la lágrima bajando rápida por mi pómulo, la respiración caliente en las fosas nasales, la rodilla izquierda más expuesta a ese frío delicioso. La vida en cada vibración, y al fondo las nubes.
Siempre vuelvo a pensar: ¿cómo así que todo esto exista y yo pueda verlo? *
Quiero recordar siempre, también, el paso heroico de ese bichito, insecto extraño para el que no tengo nombre en ningún idioma (lo habrá nombrado alguien, imagino, humanos pendejos queriendo saberlo todo).
Mis ojos siguiendo nerviosos su andar constante por el asfalto: a lo lejos los ruidos intrusos de los carros acercándose a gran velocidad. Vas a morir pronto, amigo. Pasó el primero y cerré los ojos con miedo que explotara y luego viera una imagen de película de ciencia ficción solo que natural. Lo vi seguir, victorioso. ¿Se habrá asustado? ¿Escuchará? ¿Cómo se ve una llanta pasar, desde un de centímetro de altura en el asfalto? Siguió y mi mirada con él. ¿Tendrá sexo? ¿Le digo él o le digo ella?.Mejor elle. Mi mirada en elle nerviosa del sonido que, de nuevo, desde atrás crecía y le alcanzaba. Amigue, vas a morir, de nuevo.
Pasó y le vi seguir, como si no se perturbara. Para mí, milagroso. Parecía que supiera qué había del otro lado del asfalto y fuera determinado a largarse de allí, de ese rally nefasto, como un apocalipsis de cauchos gigantes rodando desde la distancia hasta hacerse inmensos y casi, casito, apagarlo todo.
Pasaron así al menos cuatro, sino cinco o seis.
Pasó y llegó del otro lado y yo sentí toda la felicidad que le cabe a un instante de sentido. Las otras seguían de fondo hablando, a ver si alguien más faltaba o volvíamos a arrancar. Ninguna vio que la vida milagrosa había llegado al otro lado de lo que nosotros vinimos a alterar.